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Hablemos de datos en el cine

  • Foto del escritor: Alicia Muñoz
    Alicia Muñoz
  • 3 oct 2018
  • 2 Min. de lectura

Es sábado por la mañana, aún te estás desperezando en la cama y el sol se cuela por las rendijas de la persiana. Piensas en todo lo que tienes que hacer, en las tareas de la semana que viene y en lo mucho que necesitas el fin de semana. Y entonces ocurre: en tu grupo de amigos se propone ir al cine esa misma tarde. Las tareas se hacen solas casi por arte de magia, los problemas de la semana que se acerca se hacen pequeños y tú sabes que levantarte y trabajar un sábado, va a merecer la pena solo por esas dos horas de drama, comedia, aventuras o thriller que vas a vivir.

Todo esto es lo que significa para mí, y para muchos, la magia del cine. Por eso, no es de extrañar que sea una de las actividades de ocio más recurrentes en nuestro país. Sin embargo, cuando hablamos de la industria cinematográfica, es necesario hablar de datos, de negocio, de barómetros, de lo que da dinero y de lo que, desgraciadamente, no. Así, vamos a comentar los últimos datos recogidos por el Anuario de Estadísticas Culturales.

Si de algo me he dado cuenta analizando el apartado de ‘’Cine y contenidos audiovisuales’’, es que en los últimos años se consumen muchísimos más productos cinematográficos, pero desde casa, no desde las salas de cine. Esto se traduce en un aumento en la producción de largometrajes y cortometrajes, y en un descenso bastante considerable (de 936 a 721) de los cines abiertos en España.

También es evidente la desigualdad en la producción de películas. En Madrid y en Cataluña se producen el 66’4% de los largometrajes, mientras que hay comunidades como La Rioja donde no se produce ninguno. Además, la distribución de estos productos audiovisuales es también desigual, puesto que el número de cines en la capital y en Cataluña es considerablemente mayor que en el resto de las comunidades.

Otro dato bastante desalentador para el cine español es que la recaudación en taquilla de las películas españolas es bastante inferior en comparación con las películas provenientes de Hollywood (18% y 62% respectivamente). Además de evidenciarse en los cuadrantes del estudio que los españoles acuden cada vez menos a las salas de cine.

En resumen, creo que vivimos un momento dorado para las producciones audiovisuales y para las plataformas de streaming, que tienen cada vez más suscripciones y más contenidos autoproducidos. Sin embargo, esto repercute inevitablemente en el cine, no tanto como industria (que también), sino como actividad de ocio. Nichos de mercado sin explorar, prestaciones interesantes y precios más competitivos, podrían salvar este mundo que tanto amo y que no pienso dejar morir.




 
 
 

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